“La seguridad está en todos y cada uno de los aspectos de la compañía”

Por Sebastián De Toma. En U-238 Enero 14

Responsable de la operación de las centrales en funcionamiento Embalse y Atucha I, así como de la puesta en marcha de Atucha II, Jorge Sidelnik conversó con U-238 acerca de la seguridad de las plantas en todos sus aspectos y niveles: desde los controles que reciben por parte de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y de las inspecciones internas, hasta las pesquisas que se realizan por parte de otros países. Por otra parte, explicó por qué es fundamental una perspectiva integral para la gestión de crisis que involucre no solamente a los recursos técnicos y humanos, sino también a los medios de comunicación y a la comunidad en general.

¿Qué tipo de controles realiza Nucleoeléctrica Argentina en Atucha I y Embalse?

Hay varias dimensiones. Por un lado, en las tres plantas siempre hay un programa de pruebas repetitivas, el cual es un requerimiento regulatorio. Sin embargo, nosotros tenemos un programa a través del cual se realizan pruebas en los sistemas, particularmente en los sistemas de seguridad. Hay una frecuencia para hacer dichas pruebas, la cual permite caracterizar el estado de la seguridad de las plantas. Para nosotros es una tendencia extremadamente importante, más allá de los mantenimientos preventivos, predictivos, etc., porque nos permite tener la planta en un estado totalmente actualizado. Por otro lado, existe otro tema muy importante que va más allá de la experiencia de los operadores y que son las revisiones que nos hacemos entre pares a través de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares. Estas revisiones se realizan cada cuatro años. Si bien la asociación a esa entidad no es obligatoria, sí en cambio es extremadamente importante. Lo mismo sucede con sus recomendaciones porque, así como viene gente de todo el mundo, nosotros tenemos la oportunidad de ir a otros lados a realizar un paneo por los diferentes aspectos del manejo de una planta, no solamente los equipos y sistemas, sino también, fundamentalmente, para conocer el trabajo de las personas: su desempeño laboral, su capacitación son maneras de ver conocer de qué manera se hace la prevención de errores y cómo se preparan los trabajos. A partir de ahí surgen las propias fortalezas y debilidades. Como tales, las debilidades deben ser mejoradas y para ello contamos con unos dos años. Posteriormente, se hace una revisión que va en tendencia positiva y se trabaja en un plan de acción para mejorar esas debilidades y cumplir con los compromisos que nos permiten ubicarnos en un camino correcto.

¿Qué otros controles les realizan?

Contamos con auditorías de Garantía de Calidad, que es a nivel interno y que realiza la Autoridad Regulatoria Nuclear, la cual, además, tiene inspectores permanentes en las plantas y requerimientos sobre las formas de operar. Además está atenta a los incidentes que pudieran ocurrir en otras plantas, los cuales son tomados como ejemplos para ver qué sucedió y de qué manera abordarlo. Por otra parte, el entrenamiento de personal es algo extremadamente importante; la licencia para operar la otorga la ARN, es decir que tenemos que contar con gente calificada y con mucho conocimiento en todos los estamentos de la planta como para darle una impronta al tema de seguridad en particular y al manejo de situaciones. Asimismo, contamos con los Planes de Emergencia, algo que actualmente está en boga, sobre todo después de Fukushima, pero que nosotros tenemos hace tiempo. Todos los años, en todas las centrales, se realiza un Plan de Emergencia interno y, al año siguiente, se traza un Plan de Emergencia externo, ya con la comunidad. Después de Fukushima se han planteado interrogantes y, por ello, estamos trabajando sobre una lista de mejoras para implementar.

¿Cómo se implementan los sistemas de seguridad de las personas que trabajan en las plantas?

Hay varias cosas a tener en cuenta cuando se habla de la seguridad de las personas. Contamos con lo que podríamos llamar la seguridad industrial común y que tiene que ver con la protección que tiene cualquier empresa con sus operarios: deben usar cascos, los que amolan tienen que utilizar anteojos protectores, todos deben contar con zapatos de seguridad, etc. Y, en la cuestión específica de nuestras plantas, contamos además con la seguridad radiológica. Se realizan muestreos anuales de todas las personas para confirmar que no hay una tendencia significativa en cada una de ellas. Si tienen algún inconveniente, se las saca de zonas controladas y se les da otro trabajo.

¿Qué podría decirnos respecto de la cuestión ambiental en relación con la seguridad?

El aspecto ambiental es algo de lo que se habla poco. Desde antes que las plantas se construyeran, la CNEA ya había hecho su medición de lo que podríamos llamar el “fondo”. Por supuesto, la situación es diferente en Atucha donde hay un río muy caudaloso y el ambiente es muy diferente a Embalse, donde hay un lago, tiene otro ecosistema, etc. A partir de ahí, se realiza un programa de mediciones de vegetales, de pescado, de vacas, de leche, que será mensual o semestral. Por otra parte, están las personas “ambientales” quienes son bastante exigentes en cuanto a normativas. Creo que los resultados de estos estudios son de las cosas que menos se conocen. Por ejemplo, hace un tiempo tuvimos una sorpresa bastante grata: un vecino importante de Lima, que tiene unos campos colindantes con Atucha I, tomó muestras y sin decirnos nada las mandó a Francia. Cuando tuvo los resultados nos los mostró. Esos resultados demuestran que no hay impacto ambiental más significativo de lo que nosotros decimos. Es decir que alguien totalmente independiente, que ni siquiera proviene del ámbito gubernamental o de un ente de control, hizo la prueba por su cuenta, le dio perfecto y eso nos da tranquilidad.

En términos institucionales, ¿qué lugar ocupa la seguridad dentro de Nucleoeléctrica?

En la seguridad están todos y cada uno de los aspectos de la compañía, esto incluye a las personas que nos rodean, el medioambiente y el manejo y control de las plantas, pero también en el “head quarter” o en la parte corporativa de la empresa. Tenemos que ser consistentes con esa situación. Por eso hacemos el tratamiento de los residuos, que aunque sean no peligrosos, hacemos un plan de emergencia —que no creo que haya muchas empresas que lo hagan—, para que, si hay algún otro tipo de inconveniente dentro de los edificios, podamos afrontarlo. Todo esto queda demostrado con el hecho de que ya es la cuarta vez que superamos las auditorías de la ISO 14000 —una norma ligada al medio ambiente — y ya no es solamente la ARN la que lo regula, sino que el Ente Nacional de Regulación Energética nos pidió que saquemos la Norma, que además debe ser renovada de forma periódica. Tenemos un plan de gestión ambiental de toda la compañía —inclusive de la obra de Atucha II— para el tratamiento de todos los aspectos. Te podés imaginar que, para una obra como la de Atucha II, que ha llegado a tener ocho mil personas, la parte ambiental es significativa; muy distinta a Atucha I, que contaba con cuatrocientas, quinientas personas. Tiene otras problemáticas pero aún así, también estamos involucrados en esa situación. No existe aspecto o dimensión en la cual la compañía no tome el tema de la seguridad como un valor primario. Para eso también hay comités internos en las plantas y un comité que asesora al gerente general, si hay modificaciones en la instalación —sobre todo en lo que respecta a sistemas de seguridad—. Es tan amplio y hay tantas dimensiones de la seguridad que uno podría hablar de seguridad durante días enteros.

Considerando la particular historia de Atucha II y con los antecedentes de Fukushima, ¿cuáles fueron las actualizaciones que se hicieron en la planta en materia de seguridad?

Frente al problema de Fukushima, hubo un requerimiento regulatorio que, aunque no hubiera sido visto por la compañía, ya tenía un plan. Quedan revisar algunos aspectos como, por ejemplo, algo que se configuró como uno de los principales problemas de Fukushima, que es el hidrógeno que se forma, sobre todo en las piletas. Nosotros tenemos el calor que es muy ávido en ese tipo de inconvenientes. Para eso, se ponen recombinadores de hidrógeno para evitar, entre otras cosas, que se llegue a un valor de explosivo. Hubo otros tipos de mejoras que se hacen en todas las plantas con respecto a las piletas donde están los elementos combustibles que se sacan del reactor. Se están adiquiriendo grupos diesel de emergencias móviles, lugares extra en donde se pueda refrigerar como última barrera y última medida. Un concepto muy importante en la actividad nuclear es la “defensa en profundidad”, que consiste en sistemas destinados a minimizar o eliminar los posibles fallos en una central nuclear a través de un diseño de múltiples barreras para eliminar o minimizar los riesgos y que abarca todo el proceso, desde la pastilla hasta la contención. Otra cosa importante que se está estudiando y que se está implementando es refrigerar con agua la vasija por el lado externo, para que siempre esté refrigerado y la vasija no se funda.

¿La comunicación de una contingencia está contemplada dentro de lo que entendemos por seguridad nuclear?

Como en todas estas situaciones, siempre hay cosas positivas y negativas. Uno ve a los japoneses que son un pueblo ordenado y muy respetuoso de la verticalidad. Eso que parece muy positivo para el manejo de una emergencia en cuanto al movimiento de gente, por ejemplo, ha llevado a que las tomas de decisiones sean mal administradas. Esa decisión la tomaba el Primer Ministro, entonces, hasta que llegara el Primer Ministro y bajara la orden, ya el tiempo era insuficiente. En Argentina, la estructura para la toma de decisiones es diferente. Desde Nucleoeléctrica, semanalmente, tanto en Embalse como en Lima, hay información que se brinda de manera casi diaria en donde le contamos a la comunidad acerca el funcionamiento y operación de la Central. Esta es una manera de construir vínculos de confianza con ella, porque en una situación de emergencia no sólo hay que considerar lo que sucede en la planta, sino también la ansiedad que se genera a nivel social, su temor y su desconocimiento de estos temas. Somos conscientes que eso se administra brindando información, sin subestimar lo que el público pueda llegar a pensar.

Volviendo a las plantas argentinas, ¿cada cuánto tiempo se actualiza la seguridad?

La mejora de las plantas es continua; la experiencia operativa nos lleva a hacer las mejoras necesarias. El tema seguridad es tan prioritario que ni siquiera se discute en el presupuesto: no se podrán comprar nuevos autos, no se podrá hacer un edificio más cómodo para tener un almacén, pero nunca se va a dejar de comprar un repuesto ni se va a dejar de implementar alguna medida de seguridad necesaria. Además, hay guías en todas las plantas y entrenamientos muy precisos: una de ellas es el Manual de Políticas y Principios que todo el mundo tiene claro, el cual sostiene que si en X cantidad de tiempo algo no se arregla, se tiene que parar. Y se para. Nosotros no pensamos ni actuamos con la actitud de ”qué va a pensar el Regulador” y por eso, de ninguna manera vamos a estirar un estado de situación, sino que nosotros tenemos que trabajar por la seguridad todos los días y en todos los momentos. Creo que esa es la mejor manera de prever cualquier situación incidental. Con respecto al medioambiente, me parece importante resaltar que cualquier emprendimiento que realiza el ser humano tiene un impacto ambiental. Mentiría si no dijera eso. Y me refiero a cualquier situación, incluso por ejemplo, hasta un campo de eólicas en España, que fueron suspendidas por un juez porque impactaban sobre aves. Lo que a mí me tranquiliza es que, con respecto a la normativa regulatoria vigente, que tiene como misión proteger al público y nos da las pautas de cuánto podemos emitir, nosotros nunca hemos emitido más del 10 por ciento de lo permitido, un porcentaje que, según los estudios vigentes, no perjudica a las personas, porque el impacto es menor a las radiaciones naturales. Aún así, a pesar de que nuestra emisión es baja, es parte de nuestra actividad bajar y controlar esos niveles.

Quién es Jorge Sidelnik

Desde 2009, Jorge Sidelnik es Gerente General de Nucleoeléctrica. Es Licenciado en Ciencias Físicas, egresado de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Comenzó a trabajar en la CNEA en 1980 para la puesta en marcha de la Central Nuclear Embalse, en la cual participó. Trabajó en la CNA I y, entre otras funciones, se dedicó al cambio del combustible de uranio natural a uranio levemente enriquecido, en sistemas de alerta temprana de falla de componentes y del Análisis probabilístico de Seguridad. En 2000 se hizo cargo del Departamento Ciclo de Combustible de Nucleoeléctrica y luego asumió la Gerencia de Evaluación y Planificación de Proyectos. Especializado en análisis técnico-económico de las centrales nucleares, participó en numerosos congresos nacionales e internacionales, así como también en publicaciones especializadas. Es miembro de diferentes asociaciones nacionales e internacionales tales como la Sociedad Argentina de Radioprotección, la Asociación Argentina de Tecnología Nuclear y del grupo de energía de la Academia de Ingeniería. Representa al país  como Gobernador de la World Association Nuclear Organization (WANO). En 1999 realizó la Maestría sobre Economía de Energía y Medio ambiente en la Fundación Bariloche.

Foto: Gentileza Nucleoeléctrica Argentina

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