RA3, medio siglo fabricando radioisótopos

RA3, medio siglo fabricando radioisótopos

“Ezeiza” se la suele asociar en Argentina con muchas cosas. Con el aeropuerto internacional (ministro Pistarini), con los piletones de, las famosas piletas de agua salada inauguradas en 1950, también con el predio de la AFA donde entrena la selección nacional, los bosques, los recreos sindicales y hasta con algunos countries. Sin embargo, aunque pase desapercibida, existe una asociación directa entre Ezeiza y la energía nuclear: desde hace cincuenta años funciona allí el reactor nuclear de producción de radioisótopos más grande de latinoamérica, el RA3.

El reactor RA-3, considerado la principal fábrica de Molibdeno 99 (Mo99) de toda la región, se encuentra emplazado en el Centro Atómico Ezeiza, posee una potencia de 10Mw y cuenta con un flujo neutrónico de 1014 neutrones/cm2seg. Fué inaugurado formalmente el 20 de diciembre de 1967 y representó el primer gran desafío tecnológico para el desarrollo de la industria nuclear argentina.

Características del RA3 y del plan nuclear argentino
Argentina tiene una vasta experiencia en la construcción de reactores nucleares. En 1958 puso en marcha el primero del hemisferio sur, el RA1,  que le permitió acumular la experiencia y conocimientos necesarios para alcanzar otros proyectos más grandes. Así durante las siguientes seis décadas se desarrollaron los reactores de investigación RA0, RA2, RA4 y RA8; se construyeron los reactores RA-3 y RA-6 (en el Centro Atómico Bariloche),  se exportaron los RP-O y RP-10 al Perú, el NUR en Argelia, el Etrr-2 a Egipto) y el Opal a Australia y se está construyendo el RA10 que se transformará en el mas moderno en su tipo.

Argentina es uno de los pocos países del mundo que auto-abastece su demanda de radioisótopos, puede exportar Mo 99 y compite en el mercado mundial de construcción de reactores de producción e investigación.

La inauguración del RA3 en el 67′ cubrió la demanda de radioisótopos (principalmente de usos médicos) que la etapa requería, pero también cimentó la principal característica del desarrollo nuclear por el que nuestro país es reconocido en el mundo entero, que es la capacidad de realizar con tecnología propia los desafíos que se le presentan logrando los objetivos específicos y ampliando la gama de conocimientos tecnológicos para proponerse alcanzar nuevos.  Por eso muchos especialistas sostienen que hoy el RA-3 no solo está en Ezeiza… también lo está en Atucha, Bariloche, Perú, Argelia, Egipto y Australia.

En la actualidad, y desde hace 20 años, en este reactor se implementa una tecnología desarrollada por la CNEA, que utiliza uranio de bajo enriquecimiento para la producción de blancos de irradiación mediante los cuales se consigue garantizar la producción nacional de Mo-99, principal radionucleído de aplicación médica, generando también un importante aporte a los acuerdos alcanzados con el Tratado de No-Proliferación.

    

Un poco de Historia
La decisión de construir el RA-3 está fuertemente ligada al desarrollo radioquímico alcanzado al momento de tomar la decisión y a la propia historia del sector en ese campo, puesto que la primera aplicación de la energía nuclear en el país fue el uso médico de los radioisótopos. Por ello no extraña que para 1958 CNEA ya había creado las áreas de Biología Medicina Nuclear, de Investigaciones Radiobiológicas y una específica de Radioisótopos, tenía funcionando un bioterio , laboratorios de genética y rayos X y había dictado el Primer Curso de Metodología y Aplicaciones de Radioisótopos, así como las leyes para garantizar la seguridad y protección de profesionales y pacientes. Tal fue la expansión y  el aumento en la demanda de radioisótopos, que en 1961 se iniciaron las investigaciones, bajo la supervisión de Celso Papadópulos y Jorge Cosentino, para la construcción del RA3. Sin embargo la principal importancia del RA-3 residía en el estratégico objetivo de diseñar y construir el reactor en el país, con la industria local, basándose en los beneficios a largo plazo que llevan implícitos: expansión de las industrias de base, capacitación tecnológica, investigación científica y técnica, aprovechamiento integral de los recursos naturales.

Así lo manifestó entonces el presidente de la CNEA, Oscar Quihillalt: “El nuevo instrumento no supone un especial avance en cuanto a la tecnología de reactores se refiere, pero sí un paso adelante en cuanto al logro de experiencia propia y al desarrollo de nuestras facultades. Implica también la apertura de nuevos cauces a la industria nacional y un estímulo para su perfeccionamiento, pero sobre todo,implica fe en nosotros mismos”.  Quihillalt entendía que “en el proceso evolutivo de la industria nuclear, como en el de cualquier otra gran industria nueva, hay etapas necesarias y obligadas a cumplir, si se quiere alcanzar esa experiencia propia a que nos referimos y que constituye la base de todo progreso. Porque, insistiendo en este concepto, experiencia es por definición ‘práctica y observación’, cosas que no se pueden comprar ni pedir de prestado”.

La determinación de diseñar y construir el nuevo reactor en lugar de adquirirlo mediante las facilidades ofrecidas por los exportadores, se sostuvo en tres principios básicos: generar autonomía tecnológica, cimentar la infraestructura científico-tecnológica requerida para la utilización social óptima de la energía nuclear; y producir un “efecto demostración” que expusiera que investigación y desarrollo pueden resolver demandas específicas, y que es imprescindible apostar a este binomio a pesar de la crisis socio-política-económica que pueda atravesar el país. En el caso del RA-3, la participación de la industria nacional fue del 90%, que además incluyó una política de desarrollo de proveedores, que también se aplicó luego a la construcción de las centrales nucleares. En paralelo con la construcción del reactor, se diseñó y construyeron los elementos combustibles de uranio enriquecido al 90% y, con el fin de estudiar experimentalmente las configuraciones del núcleo del reactor RA-3, se diseñó y construyó un conjunto crítico, denominado RA-2, con el objetivo principal de verificar la configuración de los elementos combustibles.

El 20 de diciembre de 1967 se inauguró oficialmente el RA3. Desde entonces Argentina es uno de los pocos países del planeta que además de auto-abastecer su demanda nacional de radioisótopos de uso médico, puede exportar Mo 99 y compite en el mercado mundial de diseño y construcción de reactores de producción e investigación.

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