domingo 9 de agosto de 2026
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Argentina da un salto al mercado nuclear global con la primera exportación de componentes para reactores CANDU

La empresa estatal Nucleoeléctrica concretó la venta de tapones de blindaje al gigante canadiense Candu Energy por más de un millón de dólares. La operación, que involucró el trabajo conjunto con la CNEA y CONUAR, marca el inicio de una nueva etapa para la industria atómica nacional, que comienza a capitalizar décadas de experiencia operativa en el mercado internacional.

La Argentina acaba de cruzar un umbral estratégico en su desarrollo tecnológico. Por primera vez, el país vendió al exterior componentes diseñados y fabricados localmente para reactores nucleares, una operación que trasciende el mero intercambio comercial para inscribirse en los anales de la industria atómica nacional. La empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA) fue la protagonista de este hito al concretar la primera comercialización internacional de equipamiento nuclear con sello propio.

El acuerdo se cerró con Candu Energy Inc., la compañía canadiense integrante del grupo AtkinsRéalis que ostenta el diseño original de los reactores CANDU, una tecnología que comparte esencia con la que opera en la Central Nuclear Embalse. El contrato incluyó el suministro de tapones de blindaje de salida con restrictor de flujo, conocidos en el argot técnico por la sigla FROSP. Se trata de piezas de alta precisión que forman parte de los sistemas vinculados a los canales de combustible y que cumplen funciones esenciales para la seguridad y el rendimiento operativo de este tipo de centrales. La operación, cuyo monto superó el millón de dólares, no fue un hecho aislado sino la culminación de un proceso que venía gestándose desde hace tiempo.

Detrás de esos componentes hay una historia de décadas de aprendizaje y trabajo silencioso. El desarrollo de los tapones FROSP surgió como un derivado natural del proyecto de extensión de vida de la Central Nuclear Embalse, que concluyó en 2019. Pero el camino hacia esa capacidad exportable se fue construyendo mucho antes, a partir de la experiencia acumulada en la operación de las tres centrales nucleares del país: Atucha I, Atucha II y la propia Embalse. El proyecto no fue obra de una sola empresa: articuló las capacidades de Nucleoeléctrica con las de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y Combustibles Nucleares Argentinos (CONUAR), integrando diseño, producción industrial y validación tecnológica en un esquema que demostró la madurez del ecosistema nuclear argentino.

Lo que hace particularmente relevante este acontecimiento es que no se trata de la exportación de un commodity o de un insumo básico, sino de conocimiento aplicado, de ingeniería de alto valor agregado validada por profesionales argentinos. El presidente de Nucleoeléctrica, Juan Martín Campos, lo resumió con una frase que condensa el espíritu de la operación: «El mundo vuelve a mirar a la energía nuclear y Argentina cuenta con capacidades concretas para integrarse a ese escenario global». Y agregó que la experiencia acumulada en la operación de las tres centrales, sumada al desarrollo tecnológico alcanzado por los equipos locales, permite posicionar al país como proveedor de servicios y soluciones para otras centrales nucleares en el mundo.

La venta a Candu Energy no fue casual ni improvisada. Nucleoeléctrica había firmado un memorando de entendimiento con la firma canadiense en noviembre de 2025 y ya venía prestando servicios técnicos a centrales en Canadá, Brasil, China, Corea del Sur y España. Pero este contrato representa un salto cualitativo: es la primera vez que la empresa coloca en el mercado internacional componentes de desarrollo propio, y lo hace en el marco de una estrategia orientada a consolidar una unidad de negocios específica para la exportación de servicios y soluciones nucleares. Dicha unidad fue institucionalizada en mayo pasado, tras la modificación del estatuto de la compañía, con el objetivo de rentabilizar las capacidades de ingeniería, construcción, puesta en marcha y operación de reactores que NASA desarrolló durante décadas.

Argentina no es cualquier actor en el mapa nuclear mundial. La singularidad de Nucleoeléctrica reside en que, siendo una generadora de energía, ha desarrollado competencias inusuales para una empresa de su tipo: asumió la dirección del proyecto de finalización de Atucha II en 2014, cuando el diseñador original del reactor ya no existía, y completó la extensión de vida de Embalse en 2019. Actualmente trabaja en la extensión de vida de Atucha I, prevista para 2027. Esta trayectoria le permite fabricar componentes tanto para reactores CANDU, que utilizan uranio natural y agua pesada, como para reactores PWR, de uranio enriquecido, un perfil de capacidades poco frecuente entre las generadoras nucleares del mundo.

El contexto internacional también juega a favor. Diversos países han vuelto a incorporar la energía nuclear en sus planes de infraestructura energética para las próximas décadas, lo que ha incrementado la demanda de proveedores capaces de ofrecer equipamiento crítico y servicios de alta complejidad. La Secretaría de Asuntos Nucleares, que impulsa los nuevos lineamientos de política nuclear del gobierno, ha establecido las exportaciones de alto valor agregado como una prioridad del sector. El secretario Federico Ramos Napoli lo planteó con claridad durante el 76° aniversario de la CNEA: «Si nos cerramos únicamente en lo que el sector nuclear hace en el ámbito público nos vamos a estar perdiendo la oportunidad más importante que este siglo le ofreció a la Argentina en materia nuclear».

Con esta primera exportación, la Argentina no solo diversifica su matriz de ingresos por exportaciones de alto contenido tecnológico, sino que también envía una señal al mundo: el país tiene capacidad para diseñar, fabricar y validar componentes críticos para la industria nuclear, y está dispuesto a competir en un mercado que demanda excelencia y confiabilidad. La operación con Candu Energy es apenas el primer paso de una estrategia que busca posicionar a la industria nuclear argentina como un proveedor global de soluciones, en un momento en que la energía atómica recupera protagonismo en la agenda energética mundial.