La central nuclear más antigua del país atraviesa un proceso de extensión de vida que demandará unos US$670 millones. El plan oficial combina financiamiento estatal, cambios en la gestión y la posible venta parcial de Nucleoeléctrica para atraer inversiones.
El Gobierno nacional proyecta que la central nuclear Atucha I vuelva a generar energía hacia septiembre de 2027, una vez finalizado el proceso de modernización que permitirá extender su funcionamiento por al menos dos décadas más. La obra, que implica una inversión cercana a los 670 millones de dólares, se inscribe en una estrategia más amplia que busca reposicionar a la energía nuclear dentro de la matriz energética argentina y redefinir el esquema de negocios del sector.
La planta fue desconectada del sistema el 29 de septiembre de 2024 para iniciar una parada prolongada orientada a actualizar componentes críticos, reforzar estándares de seguridad y adecuar su operación a las exigencias regulatorias actuales. El objetivo es que, una vez concluido el reacondicionamiento, pueda seguir produciendo electricidad de base de manera confiable en un contexto global marcado por la volatilidad de los combustibles fósiles.
El cronograma original sufrió demoras y acumula un retraso de alrededor de cinco meses, aunque desde el Ejecutivo aseguran que el financiamiento está garantizado mediante una combinación de emisiones de deuda y aportes del Tesoro. La iniciativa es considerada clave para sostener la oferta energética en el mediano plazo, en un sistema donde la generación nuclear representa una porción menor pero estratégica por su estabilidad.
En paralelo, el oficialismo avanza con una reorganización del negocio nuclear que incluye la apertura a inversores privados. Entre las medidas en análisis figura la venta de hasta el 44% de Nucleoeléctrica Argentina, la empresa estatal que opera las centrales del país. La intención es atraer capitales para proyectos de gran escala y mejorar la eficiencia operativa de un sector históricamente financiado por el Estado.
El proceso no estuvo exento de tensiones internas. En los últimos años, la conducción de Nucleoeléctrica atravesó cambios y controversias que impactaron en la marcha del proyecto, incluyendo salidas de funcionarios y cuestionamientos en procesos de contratación. Ese contexto evidenció las dificultades de gestionar obras de alta complejidad técnica en medio de disputas políticas y reconfiguraciones institucionales.
Inaugurada en 1974, Atucha I fue la primera central nuclear de América Latina y desde entonces se consolidó como un componente estable del sistema eléctrico argentino. Ubicada en Lima, provincia de Buenos Aires, cuenta con una potencia instalada de 362 MW y tecnología de reactor de agua pesada, lo que le permitió durante décadas aportar energía de manera continua. ([Ambito][1])
La extensión de su vida útil no solo apunta a preservar esa capacidad, sino también a sostener el desarrollo tecnológico asociado al sector nuclear. En un escenario en el que el Gobierno busca diversificar la matriz energética y reducir la exposición a shocks externos, la reactivación de Atucha I aparece como una pieza central de una política que combina infraestructura, financiamiento y apertura al capital privado.











