La empresa estatal, que hasta ahora concentraba su producción de dióxido de uranio en el abastecimiento de las centrales nucleares argentinas, podrá ampliar su actividad comercial hacia el sector privado. La medida busca aprovechar la capacidad instalada, generar nuevos negocios y avanzar en una mayor inserción de la Argentina en el mercado nuclear internacional.
El Gobierno habilitó a Dioxitek, empresa estatal dedicada a la producción de dióxido de uranio, a ampliar su actividad comercial y avanzar en operaciones con compañías privadas. La decisión representa un cambio relevante para una firma que ocupa un lugar estratégico dentro del ciclo del combustible nuclear argentino y que históricamente concentró su producción en el abastecimiento de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse.
Dioxitek produce dióxido de uranio (UO₂), un material que constituye una de las etapas fundamentales en la fabricación del combustible utilizado por las centrales nucleares. La empresa recibe concentrado de uranio y lo transforma mediante procesos químicos hasta obtener el polvo de calidad nuclear que posteriormente utiliza CONUAR para fabricar los elementos combustibles.
La posibilidad de ampliar el universo de clientes aparece en un momento en el que el Gobierno busca transformar el sector nuclear en una actividad con mayor participación privada y potencial exportador. Dioxitek ya había comenzado a transitar ese camino a través de distintos proyectos destinados a ampliar su producción y desarrollar nuevos productos vinculados con el ciclo del combustible.
La empresa consiguió además mejorar su situación financiera luego de renegociar los precios que Nucleoeléctrica Argentina paga por el dióxido de uranio. El Presupuesto 2026 aprobado para Dioxitek contempla ingresos operativos por más de $29.200 millones y proyecta una producción de 190 toneladas de UO₂ durante el año, destinadas a Nucleoeléctrica.
El dato resulta relevante porque la capacidad productiva de Dioxitek puede superar las necesidades actuales del parque nuclear argentino. La futura planta de Formosa, por ejemplo, fue originalmente diseñada con dos líneas capaces de producir unas 500 toneladas anuales, mientras que el consumo de las centrales que utilizan dióxido de uranio natural ronda las 210 toneladas. La diferencia fue uno de los principales problemas que durante años dificultaron la definición de un modelo económico para la instalación.
Precisamente, la Nueva Planta de Uranio (NPU) de Formosa se convirtió en uno de los proyectos centrales para modificar ese escenario. La instalación comenzó a ser diseñada en 2006 y su construcción se inició en 2014, pero quedó inconclusa. Según información oficial difundida este año, el proyecto había alcanzado aproximadamente un 60% de avance y acumuló una inversión estatal superior a US$150 millones antes de quedar paralizado.
Ahora el Gobierno intenta darle una nueva utilidad económica a esa infraestructura. La empresa estadounidense Nano Energy presentó una iniciativa de inversión superior a US$230 millones para finalizar y poner en funcionamiento la planta de Formosa. El proyecto contempla, además de completar una de las instalaciones destinadas a producir dióxido de uranio, incorporar una unidad para transformar UO₂ en hexafluoruro de uranio (UF₆), un producto estratégico para las etapas posteriores de enriquecimiento.
El desarrollo de UF₆ podría ser particularmente importante porque se trata de un insumo utilizado en una etapa posterior del ciclo nuclear y con un mercado internacional mucho más amplio. A diferencia del dióxido de uranio que actualmente produce Dioxitek para las centrales argentinas, el hexafluoruro puede integrarse a cadenas internacionales de suministro y convertirse en un producto con potencial exportador.
La búsqueda de nuevos mercados también responde a una transformación que se está produciendo en la industria nuclear mundial. Países como Estados Unidos están incrementando sus esfuerzos para garantizar el abastecimiento de combustible y reducir la dependencia de proveedores concentrados en pocos mercados. Para Argentina, ese escenario abre una oportunidad para utilizar capacidades tecnológicas desarrolladas durante décadas y convertirlas en bienes y servicios exportables.
En ese contexto, la participación de capital privado aparece como uno de los instrumentos que el Gobierno pretende utilizar para completar proyectos que quedaron inconclusos y generar nuevas inversiones. El caso de Formosa es particularmente significativo porque Nano Energy analiza una inversión que podría ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), en lo que sería uno de los primeros proyectos vinculados directamente con la industria nuclear en utilizar ese régimen.
La apertura comercial de Dioxitek también modifica el papel que históricamente tuvo la empresa dentro del esquema nuclear argentino. Creada en 1996 como desprendimiento de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la compañía mantuvo el control estatal debido a la importancia estratégica de su actividad. Actualmente la Secretaría de Energía posee el 51% de las acciones, mientras que la CNEA conserva el 48% y la provincia de Mendoza el 1%.
El estatuto de la compañía contempla desde su origen la posibilidad de comercializar productos vinculados con el ciclo del combustible y de asociarse con empresas privadas. La diferencia está en que ahora esa posibilidad pasa a adquirir una importancia mucho mayor dentro de la estrategia oficial para el sector nuclear.
Dioxitek, además, llega a esta nueva etapa con un aumento de su capacidad productiva. Durante 2025 produjo 190 toneladas de dióxido de uranio, su mayor registro anual, y la empresa considera que ese nivel permite avanzar hacia el abastecimiento completo de las centrales argentinas y reducir la necesidad de importar combustible.
Al mismo tiempo, la compañía está ejecutando un programa de inversiones por unos US$14 millones para sostener durante los próximos años la operación de su planta de Córdoba. El objetivo es llevar su capacidad productiva hasta unas 200 toneladas anuales y mantener operativa la instalación mientras se define el futuro de la planta de Formosa.
El Gobierno también busca que la actividad nuclear deje de estar asociada exclusivamente al abastecimiento interno. La estrategia apunta a aprovechar la experiencia acumulada por organismos y empresas estatales para generar negocios con compañías privadas, incorporar inversiones y desarrollar productos que puedan venderse en otros mercados.
La apertura de Dioxitek a nuevos clientes se inscribe así en una transformación más amplia del sector nuclear argentino. El desafío será combinar la participación privada y la búsqueda de rentabilidad con el carácter estratégico de una actividad que requiere estrictos controles regulatorios y tecnológicos. La Autoridad Regulatoria Nuclear mantiene bajo licencia las instalaciones de Dioxitek y en abril de 2026 prorrogó por 18 meses la autorización de operación de su planta de producción de dióxido de uranio en Córdoba, condicionada al cumplimiento de una serie de compromisos e informes periódicos.
La medida abre, en definitiva, una nueva posibilidad para Dioxitek: pasar de ser principalmente un proveedor del sistema nuclear argentino a convertirse también en un actor comercial capaz de vincularse con empresas privadas y, potencialmente, participar de cadenas internacionales de suministro nuclear. El desarrollo de la planta de Formosa y la eventual producción de hexafluoruro de uranio serán dos de las principales pruebas para determinar si esa estrategia puede convertirse en un negocio de escala para la Argentina.











