Home Noticias Investigación El hongo negro de Chernobyl que se alimenta de radiación despierta un...

El hongo negro de Chernobyl que se alimenta de radiación despierta un nuevo interés científico

El Cladosporium sphaerospermum, organismo hallado en las paredes del reactor 4 de la planta nuclear ucraniana, no solo sobrevive a niveles de radiación letales para la mayoría de las formas de vida, sino que los aprovecha como fuente de energía; investigadores estudian ahora su potencial para proteger astronautas en misiones espaciales de largo alcance.

En el reactor número cuatro de Chernobyl, uno de los lugares con mayor contaminación radiactiva del planeta, la vida humana no puede más que ser una visitante efímera. Sin embargo, sobre sus superficies contaminadas y dentro de la estructura de contención prospera un hongo negro y aterciopelado llamado Cladosporium sphaerospermum.

Cuando los investigadores lo encontraron creciendo en algunas de las zonas más radiactivas de Chernobyl, quedaron asombrados ante su vitalidad en condiciones tan extremas. Lo que la comunidad científica comenzó a descubrir es que este microorganismo no tolera la radiación a pesar de todo: en cierta medida, parece necesitarla.

En experimentos de laboratorio y de campo, algunas cepas de este hongo crecían orientando sus filamentos hacia las fuentes de radiación. En lugar de alejarse del peligro, parecían acercarse a él. Este fenómeno se conoce como radiotropismo.

Al igual que las plantas emplean la clorofila en la fotosíntesis, el Cladosporium sphaerospermum utiliza la melanina —el mismo pigmento responsable del color de la piel humana— para capturar la radiación ionizante, y esa melanina actúa como un transductor biológico que convierte radiación gamma y beta en energía química para alimentar el crecimiento del hongo. Este proceso es denominado por los científicos radiosíntesis, aunque su equivalencia exacta con la fotosíntesis vegetal todavía es objeto de debate.

La radiosíntesis no está demostrada como un proceso equivalente a la fotosíntesis: todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que estos hongos conviertan la radiación en energía química utilizable de la misma forma en que las plantas transforman la luz.

De las 37 especies documentadas en la zona de exclusión, una en particular predominó en los sitios más peligrosamente radiactivos: el propio Cladosporium sphaerospermum. Investigadores argentinos también participaron del análisis de este organismo: según el doctor en Ciencias Naturales e investigador independiente del CONICET Sebastián Pelliza, el hongo utiliza la radiación como fuente de energía para crecer, lo que le permite habitar un ambiente con radiación extrema donde no podrían subsistir otros seres vivos.

El interés científico por el Cladosporium sphaerospermum trascendió los laboratorios terrestres: entre finales de 2018 y comienzos de 2019, investigadores realizaron un experimento en la Estación Espacial Internacional para estudiar tanto el comportamiento del hongo como su posible capacidad para atenuar la radiación.

A plena madurez, la radiación medida por debajo de una capa de apenas 1,7 milímetros del hongo fue aproximadamente un 0,84% menor que la del control negativo, y se observó además una ventaja de crecimiento en el espacio de alrededor del 21%, lo que respalda la hipótesis de que el radiotropismo del hongo es extensible a la radiación espacial.

Las pruebas más recientes se han enfocado en variedades de lechuga y mizuna, un vegetal de hoja verde de rápido crecimiento, con el objetivo de evaluar si la presencia del hongo incrementa la productividad de las plantas tanto en tierra como en condiciones de microgravedad.

La radiación cósmica galáctica representa uno de los riesgos más serios para los astronautas que viajan más allá de la atmósfera terrestre, y las soluciones actuales de protección —como los blindajes metálicos— resultan costosas de producir y de poner en órbita.

El recorrido del Cladosporium sphaerospermum es poco común: pasó de ser estudiado en uno de los ambientes más contaminados de la Tierra a convertirse en objeto de experimentos orbitales , y su facilidad de cultivo y transporte lo posiciona como un candidato singular de cara a las misiones de larga duración que apuntan a la Luna y a Marte.

Salir de la versión móvil