El reinicio de la central de Kashiwazaki-Kariwa y la política de seguridad energética impulsan los ingresos de la división nuclear de la compañía a niveles históricos, anticipando una meta financiera que se esperaba recién para la próxima década.
Quince años después de que el tsunami de 2011 silenciara los reactores de Japón y sumiera a la industria en un largo invierno, el sector nuclear del país asiático experimenta una reactivación sin precedentes. Este cambio de rumbo tiene un claro ganador en el ámbito corporativo: Mitsubishi Heavy Industries (MHI). La compañía ha anunciado que las ventas de su unidad de energía nuclear alcanzarán un récord de 400.000 millones de yenes (aproximadamente 2.540 millones de dólares) en el próximo año fiscal, una cifra que los analistas y la propia empresa proyectaban alcanzar recién en 2030.
El catalizador de este salto financiero ha sido el ambicioso programa de reinicio de reactores impulsado por el Gobierno japonés, que busca reducir la costosa dependencia de las importaciones de gas natural licuado (GNL) y petróleo, responsables de dos tercios de la generación eléctrica nacional. El hito más reciente y simbólico de esta estrategia ocurrió hace apenas unas semanas, cuando la operadora Tokyo Electric Power (TEPCO) logró poner en marcha el primer reactor en la planta de Kashiwazaki-Kariwa, considerada la central nuclear más grande del mundo por capacidad instalada. MHI, como principal brazo tecnológico y de ingeniería en estos procesos, ha sido el encargado de implementar las rigurosas medidas de seguridad y las actualizaciones estructurales exigidas por los nuevos estándares regulatorios tras la catástrofe de Fukushima.
Durante los años de inactividad, Mitsubishi Heavy logró sostener sus capacidades técnicas y retener a su personal especializado gracias a contratos de mantenimiento y trabajos en la planta de reprocesamiento de combustible de Rokkasho. Hiroshi Nishio, director financiero de la firma, ha confirmado recientemente que la empresa incrementará su plantilla en la división de reactores en un 10% durante el próximo año para atender la creciente demanda. Esta expansión no solo se limita a la reactivación de las 15 unidades que ya han vuelto a operar de las 33 disponibles en el país, sino que también mira hacia el desarrollo de tecnología de vanguardia, como los reactores de agua ligera avanzada SRZ-1200 y proyectos de micro-reactores transportables para zonas remotas.
Sin embargo, el camino hacia la plena recuperación de la soberanía nuclear japonesa no está exento de obstáculos. El Gobierno se ha fijado como meta que la energía nuclear cubra el 20% del mix eléctrico para el año 2040, lo que requeriría tener operativos al menos 30 reactores. En el corto plazo, el desafío inmediato de Mitsubishi y de las operadoras eléctricas radica en superar la persistente resistencia social; encuestas locales en regiones como Niigata reflejan que cerca del 60% de la población aún mantiene reservas sobre la seguridad tras los traumas del pasado. Además, la industria enfrenta una crisis de relevo generacional, con la necesidad urgente de formar a una nueva camada de ingenieros nucleares que puedan gestionar las operaciones y el mantenimiento de una flota que, en muchos casos, supera ya las cuatro décadas de antigüedad.











