El diplomático argentino y director del OIEA reafirmó su confianza en ganar la conducción de Naciones Unidas, donde enfrenta a la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y a la costarricense Rebeca Grynspan como sus principales adversarias tras dos rondas de votaciones informales en el Consejo de Seguridad.
Desde Washington, donde participó del lanzamiento de una iniciativa sobre aplicaciones nucleares marítimas, el argentino Rafael Grossi se mostró confiado en su candidatura a la secretaría general de la ONU.
En declaraciones a medios argentinos, el director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) aseguró que su postulación «proyecta efectividad y mucho realismo», aunque reconoció que aún no hay un candidato de consenso y que el panorama puede seguir variando.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas realizó en Nueva York una segunda votación indicativa para medir el respaldo a los ocho aspirantes que buscan suceder a António Guterres al frente del organismo, y el resultado dejó a Grossi entre los tres candidatos con mayores chances de llegar a la etapa final del proceso.
Carolyn Rodrigues-Birkett obtuvo 8 votos, mientras que Rebeca Grynspan y Rafael Grossi cosecharon 7 sufragios cada uno, consolidándose como el trío con más respaldos en la carrera.
La candidatura del argentino se considera fortalecida porque no perdió votos positivos entre ambas rondas —se mantiene en 7 adhesiones—, en tanto que Rodrigues-Birkett bajó de 9 a 8 y Grynspan pasó de 10 a 7 al comparar las dos instancias.
Las demás postulaciones —Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Olara Otunnu, Macky Sall e Ivonne A-Baki— ya son consideradas casi testimoniales en función de los resultados obtenidos.
En el marco de su campaña, Grossi también defendió públicamente el multilateralismo como herramienta para resolver conflictos y contribuir a la paz internacional, y valoró el trabajo de la ONU, aunque señaló que la organización necesita reformas para ser más eficiente y tener mayor capacidad de respuesta ante las crisis globales.
Entre los principales problemas que identificó figura la pérdida de foco que, según explicó, se produjo de forma gradual desde la creación del organismo hace más de ocho décadas.
La elección tiene una dificultad adicional para cualquier aspirante: no basta con reunir una mayoría de apoyos, ya que el candidato elegido deberá conseguir al menos nueve votos en el Consejo de Seguridad y, además, evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia—, cuya posición será determinante en la etapa siguiente.
Las votaciones decisivas y la recomendación oficial del Consejo de Seguridad están previstas para el período entre septiembre y octubre de 2026, con el sucesor de Guterres asumiendo el 1 de enero de 2027.
