El gobierno de Javier Milei formalizó la derogación del acuerdo estratégico firmado en 2015, sepultando los proyectos de inversión de Rosatom y alineando definitivamente la política exterior con las potencias occidentales.
El Gobierno de la República Argentina oficializó el cese definitivo del acuerdo de cooperación en materia nuclear que mantenía con la Federación de Rusia. A través de un decreto publicado en el Boletín Oficial, la administración del presidente Javier Milei derogó el convenio estratégico que había sido rubricado originalmente en el año 2015, bajo el mandato de Cristina Fernández de Kirchner, y que posteriormente había sido ratificado por el Congreso Nacional. La decisión marca un punto de inflexión definitivo en las relaciones bilaterales entre Buenos Aires y Moscú, sepultando formalmente cualquier posibilidad de financiamiento o asistencia técnica rusa para el desarrollo de la matriz energética local.
La medida adoptada por el Poder Ejecutivo deja sin efecto un marco normativo que buscaba facilitar la transferencia de tecnología, el diseño y la construcción de reactores de potencia y de investigación en el territorio nacional. Durante años, la corporación estatal rusa Rosatom mantuvo un rol activo en las negociaciones bilaterales, llegando a presentar propuestas formales que incluían la financiación total para la edificación de una nueva central nuclear de tecnología rusa en el país. El desmantelamiento de este marco de cooperación responde de manera directa al drástico giro en materia de política exterior implementado por la gestión actual, la cual ha priorizado un alineamiento irrestricto con los Estados Unidos y los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto señalaron que la continuidad de los tratados con Moscú resultaba incompatible con el posicionamiento geopolítico actual de la Argentina, especialmente tras la invasión de Rusia a Ucrania y las consecuentes sanciones económicas impuestas por la comunidad internacional al gobierno de Vladimir Putin. Las autoridades argentinas argumentaron que el sostenimiento de acuerdos de alta sensibilidad tecnológica con naciones bajo restricciones globales representaba un obstáculo para la inserción del país en los mercados occidentales y para la atracción de inversiones en otros sectores estratégicos, como el litio y los hidrocarburos no convencionales.
El sector científico y tecnológico nacional observa con cautela las derivaciones de esta ruptura, dado que el convenio también contemplaba el intercambio académico, la formación de profesionales en el área de la ingeniería nuclear y la producción conjunta de radioisótopos medicinales. Mientras que los sectores vinculados a la diplomacia oficial celebran la medida como una depuración necesaria de los compromisos internacionales de la gestión anterior, especialistas en energía advierten que la cancelación formal del acuerdo con Rusia, sumada a la paralización de otros proyectos con la República Popular China, deja al programa nuclear argentino en una situación de total dependencia respecto de las directrices y las líneas de financiamiento que puedan aportar exclusivamente los socios de Occidente.











