Con movilizaciones y caravanas, empleados del organismo advirtieron sobre el deterioro presupuestario y laboral en la actividad nuclear. Alertan por la salida de especialistas y la posible paralización de iniciativas clave.
En medio de un clima creciente de conflictividad en el sistema científico-tecnológico, trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) protagonizaron en los últimos días distintas protestas para denunciar lo que describen como un proceso de ajuste y vaciamiento en el organismo. Las manifestaciones incluyeron caravanas en la zona de Villa Martelli y concentraciones en sedes centrales, con reclamos que apuntan tanto a la pérdida de poder adquisitivo como a la incertidumbre laboral.
El eje de las protestas gira en torno a un deterioro sostenido de las condiciones laborales. Según datos difundidos por los propios trabajadores y relevamientos del sector, los salarios acumulan una caída superior al 30% en términos reales, mientras que una amplia mayoría de los sueldos básicos se ubican por debajo de la línea de pobreza. A esto se suma una creciente precarización: contratos que históricamente eran más estables comenzaron a renovarse por períodos de apenas tres meses, lo que profundiza la incertidumbre dentro de equipos altamente especializados.
La situación salarial y contractual se combina con un fuerte recorte presupuestario. Informes citados en las movilizaciones indican que el financiamiento del organismo sufrió caídas consecutivas en los últimos años, acumulando una reducción cercana al 50% en términos reales en un período de tres años. Este escenario impacta de manera directa en el funcionamiento cotidiano y en la continuidad de proyectos científicos y tecnológicos de largo plazo.
En ese contexto, los trabajadores advierten por una pérdida sostenida de recursos humanos calificados. La salida de profesionales hacia el sector privado o hacia el exterior se convirtió en una tendencia que preocupa dentro del sistema nuclear argentino, históricamente reconocido por su capacidad de formación y desarrollo tecnológico. La CNEA, creada en 1950 y responsable de impulsar la investigación y el uso pacífico de la energía nuclear en el país, ha sido uno de los pilares del entramado científico nacional y de la formación de especialistas en áreas estratégicas.
Las protestas también se inscriben en un debate más amplio sobre el rumbo de la política nuclear en la Argentina. Mientras el Gobierno sostiene un programa de reformas y reconfiguración del sector, distintos actores —incluidos sindicatos y expertos— advierten que el ajuste presupuestario podría comprometer proyectos clave, como desarrollos de reactores o iniciativas vinculadas al ciclo de combustible nuclear. En paralelo, crecen las críticas por el riesgo de pérdida de capacidades propias en un área considerada estratégica para la soberanía energética y tecnológica.
En los hechos, la conflictividad continúa abierta. Las movilizaciones recientes lograron, en algunos casos, la renovación temporal de contratos que estaban en riesgo, aunque bajo condiciones precarias que no despejan la incertidumbre a mediano plazo. Mientras tanto, el reclamo de fondo persiste: recomposición salarial, financiamiento sostenido y una definición clara sobre el futuro del sector nuclear argentino.











