Un golpe a la ciencia: el día que la dictadura hizo desaparecer a tres jóvenes físicos de la CNEA

El 15 de julio de 1977, tres operativos casi consecutivos terminaron con el secuestro de Daniel Rus, Graciela Barroca y Gerardo Strejilevich, tres físicos jóvenes vinculados a la Comisión Nacional de Energía Atómica que eran considerados parte de la generación más prometedora del organismo. Los tres fueron vistos después en centros clandestinos de detención y continúan desaparecidos.

La historia de sus desapariciones vuelve a poner el foco sobre el impacto que tuvo el terrorismo de Estado en la ciencia argentina, en particular sobre la CNEA, que en los años setenta era una institución de referencia en América Latina. Durante la dictadura, el organismo sufrió secuestros, despidos, cesantías y renuncias forzadas que desarmaron proyectos de investigación y marcaron a toda una comunidad científica.

Según la reconstrucción difundida por la propia CNEA y por distintos trabajos periodísticos, el caso de estos tres investigadores no fue aislado sino parte de una persecución más amplia contra trabajadores del área nuclear. La web oficial del organismo registra 22 detenidos-desaparecidos y otras decenas de empleados perseguidos o expulsados de sus puestos durante el período dictatorial.

La secuencia de los secuestros

El operativo contra Rus, Barroca y Strejilevich ocurrió en una misma jornada y en un clima de terror que se extendía sobre la actividad académica y técnica. Las versiones publicadas sobre el caso señalan que, tras los secuestros, las víctimas pasaron por centros clandestinos como la ESMA y el Club Atlético, donde fueron reconocidas por sobrevivientes.

Esa noche quedó asociada también a la desarticulación de equipos de trabajo que investigaban áreas estratégicas para el desarrollo nuclear. En testimonios y reseñas posteriores, se destaca que la represión no sólo buscó silenciar militancias políticas, sino también intervenir sobre una política científica que el régimen consideraba incómoda o peligrosa.

La CNEA bajo la dictadura

La Comisión Nacional de Energía Atómica atravesó una de las etapas más duras de su historia durante el gobierno militar iniciado en 1976. La propia institución reconoce que la represión se expresó en secuestros, asesinatos, cesantías y despidos masivos, además de la elaboración de legajos y seguimientos internos sobre la ideología de los trabajadores.

En los registros oficiales figuran 22 desaparecidos y desaparecidas vinculados al organismo, entre ellos los tres protagonistas de esta historia. También hubo 107 agentes alcanzados por la Ley de Prescindibilidad, 120 cesanteados y 370 renuncias forzadas, un saldo que refleja el alcance institucional de la persecución.

Memoria y reparación

Con el paso del tiempo, la CNEA impulsó acciones de memoria para reconstruir la historia de sus trabajadores detenidos-desaparecidos. Entre otras iniciativas, colocó placas y baldosas con sus nombres, organizó homenajes y avanzó en la digitalización de archivos para preservar documentación vinculada a esas trayectorias.

El recuerdo de Rus, Barroca y Strejilevich resume una tragedia doble: la de la violencia estatal y la de un proyecto científico interrumpido por la represión. Su desaparición sigue siendo uno de los símbolos más dolorosos del impacto de la dictadura sobre la investigación argentina.

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