Hay una mosca en mi fruta

Por María Laura Guevara. En U-238 Julio 13

Conocida popularmente como “la Mosca de la fruta”, la Ceratitis Capitata es un tipo de plaga que afecta a las plantaciones de frutas del país. Al ser una plaga cuarentenaria —es decir, que los países importadores de estos productos establecen restricciones respecto su presencia— su control y erradicación resultan fundamentales. Mediante el uso de rayos gamma, que se irradian a la mosca macho para esterilizarla y así alcanzar el “autocontrol de la plaga”, no sólo se reduce su presencia significativamente, sino que también permiten disminuir el uso de agroquímicos en la fruta, los cuales tienen consecuencias negativas en el medioambiente y en los consumidores.

“Molesto como mosca de verano”. Aparte de ser un dicho popular, es una verdad inobjetable. Sobre todo cuando esas moscas, no sólo molestan, sino que a su vez afectan las producciones agropecuarias del país.

En varios sectores de la Argentina se está aplicando la energía nuclear para controlar plagas. Existen diferentes tipos de moscas que afectan plantaciones. La que particularmente ataca los plantíos de fruta en el país es la ceratitis capitata, más comúnmente denominada “mosca del Mediterráneo”.

Fue a fines de los años ochenta que el INTA, la CNEA y el SENASA, tomaron la iniciativa de hacer realidad el plan de lucha y control de la mosca de la fruta, cuando se concretó el establecimiento del PROCEM, Programa Nacional de Control y Erradicación de las Moscas de los Frutos del SENASA, que hoy funciona regularmente y con grandes beneficios en la producción y comercialización de frutas.

Paralelamente, la provincia de Mendoza también comenzó a librar la batalla contra la ceratitis capitata en todos sus oasis productivos. El Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (ISCAMEN), con su programa de erradicación de la mosca de la fruta, es uno de los ejemplos más elocuentes de los beneficios que tiene la energía nuclear cuando se utiliza con fines pacíficos.

“La CNEA tuvo participación directa en las etapas de diseño e implementación de los programas a nivel nacional, aportando conocimientos sobre el uso de fuentes radiactivas, adecuación de dosis de irradiación y conocimientos conceptuales para el diseño de irradiadores”, explica el ingeniero Alfonso Buján, jefe del Departamento de Aplicaciones Agropecuarias de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

La “mosca de la fruta” recibe este nombre porque pone sus huevos en la fruta, de la cual se alimentan sus larvas hasta que saltan y siguen su crecimiento en la tierra, para llegar al estadio de pupa y luego convertirse en mosca.

La importancia de la aplicación de la energía nuclear en el control de este tipo de moscas consiste en que la mosca de la fruta es una plaga cuarentenaria, es decir, que los países que exportan se encuentran con restricciones a la hora de hacerlo, en relación a la presencia de la plaga. Lo que se hace es controlarla y bajar los niveles de presencia de la plaga para poder exportar. El fin último, por supuesto, es su erradicación.

“La técnica que se utiliza es la Técnica del Insecto Esteril (TIE), para que el bicho se controle solo”, explica Sergio Ouyet, quien forma parte de la Bio-Planta de ISCAMEN, donde se lleva a cabo todo el proceso de producción y esterilización de la mosca.

La TIE es específica a nivel de especies, ecológicamente segura y, a diferencia de la aplicación de otras técnicas, los insectos esterilizados no pueden establecerse en el ecosistema y, por ende, no tienen potencial para causar daño al medioambiente.

La técnica consiste en producir cantidades muy grandes de moscas machos esterilizados que, al liberarlos al medioambiente, buscan hembras fértiles para copular. Cuando encuentran una, copulan sin dejar descendientes. Se denomina “autocontrol de la plaga”.

La aplicación de esta técnica también está relacionada con la intención de reducir la cantidad de agroquímicos que se utilizan habitualmente, ya que estos pueden dejar rastros en la fruta y dañar a sus consumidores. Además, esta reducción permite a los enemigos naturales actuar en contra de las plagas, mejorando la posibilidad de comercializar los productos.

En la provincia de Mendoza se está utilizando esta técnica de autocontrol de plaga desde fines de los años 80. “Oficialmente, comenzamos a aplicar la técnica en 1992, cuando se construyó la primera bio-planta de ISCAMEN”, cuenta Rubén Mellado, Responsable de difusión y relaciones institucionales del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza.

La nueva bio-planta de ISCAMEN, inaugurada en 2007, está ubicada en El Ortizano Santa Rosa, a 100km de la ciudad de Mendoza. Allí, lo que se hace es, literalmente, producir moscas. “Lo que hacemos en la planta es reproducir el ciclo biológico natural para poder criar la mosca y esterilizarla”, relata Sergio Ouyet.

En su estado natural, la mosca del Mediterráneo macho copula a la hembra, quien pone los huevos dentro de la fruta. Estas larvas se alimentan de la pulpa de la fruta, pudriendo el producto. Una vez que llegan a transformarse en pupas o capullos, saltan de la fruta a la tierra para terminar el proceso de crecimiento.

Imitando a la Naturaleza

Los diferentes ambientes de la planta van reproduciendo las etapas de crecimiento de la mosca, cada uno con los niveles de humedad y temperatura que se necesitan para el óptimo desarrollo de la ceratitis capitata.

Primero, entre paneles que se llaman “cassettes”, se juntan machos y hembras para copular. La hembra, una vez que ha sido copulada, deposita los huevos en esos paneles. Por efecto de la gravedad, los huevos caen y son recolectados con agua.

Luego, esos huevos son plantados dentro de un alimento que se prepara especialmente a base de alfalfa, azúcar, levaduras, agua y nutrientes, que se asemejan a lo que larva encontraría dentro de una fruta en condiciones naturales.

Luego de que las larvas son sembradas en el alimento, se depositan en bandejas tapadas con telas para poder recolectarlas una vez que llegan al estadio de pupa o capullo, ya que, tal como lo harían en la naturaleza llegada esta instancia, saltan de la bandeja.

Una vez que las pupas son recolectadas, empieza el proceso de esterilización, en las pruebas de campo que se realizan para medir la efectividad de la estrategia. En una primera instancia, los capullos son teñidos de color rojizo para poder diferenciarlas de las moscas “naturales” sin tratar.

Cuando las pupas están teñidas, se embandejan y se llevan a esterilizar. Una vez que el proceso productivo está terminado, las pupas se ponen en bolsas de papel y son liberadas al medio ambiente de manera terrestre o aérea.

Además, realiza trabajos constantes de control en los puntos de ingreso y egreso de la provincia de Mendoza, para asegurar que no sean introducidas otras especies de moscas o más moscas de la fruta sin esterilizar.

El tratamiento

“La esterilización del material biológico se lleva a cabo mediante la irradiación sobre los insectos machos, en un equipo diseñado para estos fines, nominado IMCO 20, el cual posee una fuente de Cobalto 60”, comenta la Licenciada Gabriela Bonpland, encargada de la bio-planta.

El proceso de esterilización es permanente. “Los técnicos que operan el IMCO 20 están de guardia como si fuera un hospital, porque no podemos demorar la irradiación. Se debe hacer antes de que nazcan”, destaca Julio César Méndez, Jefe de Instalación Radiactiva Irradiador Móvil IMCO 20 y Responsable Primario de la planta.

Las pupas llegan al IMCO 20 en bandejas, a través de una cinta transportadora. Los técnicos introducen las bandejas en el IMCO desde alguno de sus extremos. La bandeja se mueve de un extremo hasta el medio y luego vuelve por el mismo camino. Cada movimiento dura 91 segundos.

El objetivo es irradiarles una dosis de radiación gamma de tal magnitud que los genitales de la mosca no se desarrollen. La técnica se puede aplicar porque los genitales son la parte más sensible de la mosca y la que primero responde a la radiación. Si la parte más sensible fueran las alas, no se podría aplicar.

“La dosis se determina mediante el análisis de Dosimetría Biológica, que estudia la esterilidad de la descendencia del insecto irradiado. Es un recurso que permite ajustar la dosis aplicada a los insectos a fin de lograr los resultados deseados”, cuenta Bonpland.

La dosis con la que los capullos son irradiados es de 110 gray. Y se controla periódicamente para asegurarse de que la radiación sea la correcta. “Con esta dosis se logra el 99% de esterilidad”, afirma Méndez.

Para asegurarse de que la bandeja de capullos o pupas haya sido irradiada de manera correcta, cada bandeja tiene un dosímetro de cinta de color rojo que, una vez que la bandeja sale del IMCO, si ha sido bien irradiada, se torna de color negro.

El IMCO 20 llegó a Mendoza en 1991 y se mantiene trabajando desde ese año. Cada dos años, el IMCO viaja a Buenos Aires y la CNEA realiza el mantenimiento de la máquina, siempre tomando los recaudos necesarios.

“Antes, como Mendoza tiene inviernos fríos, parábamos el IMCO porque no era necesario trabajar. Hoy, como la planta presta servicio a otras provincias de la Patagonia, a San Juan y La Rioja, trabajamos durante todo el año”, relata Méndez. Israel también es uno de los países que ha requerido los servicios de ISCAMEN, al importar capullos de mosca de la fruta esterilizados.

Los logros

Además de sostener su articulación con la OIEA para la obtención de apoyos técnicos y económicos, la CNEA ha permanecido cercana a la temática de control de plagas continuando investigaciones dirigidas al control de otra mosca, como la Anastrepha spp y otros insectos de control cuarentenario, proveyendo los avances obtenidos al medio tecnológico para su potencial aplicación en las diversas regiones del país en la que se observa su efecto.

“Por los resultados que se observan, el PROSEM resulta un motivo de orgullo para la CNEA por haber compartido sus fundamentos y creación y a la vez seguir en el área de investigación y desarrollo, en la búsqueda de tecnologías aplicadas a la lucha contra otras especies plaga que sean amigables con el ambiente y respetuosas de la biodiversidad”, opina Buján.

Por su parte, gracias al plan que lleva adelante el ISCAMEN, Mendoza fue declarada libre de la mosca sudamericana, el otro tipo de insecto que puede afectar en la región. Y también ha sido reconocida por el SENASA, por el Servicio Agrícola Ganadero de Chile (SAG) y por el USDA de Estados Unidos, como zona libre de la mosca del mediterráneo desde el valle de Uco hasta su límite con Neuquén.

1 Comentario

  1. me pueden enviar mas información de zonas que aplican este tramiento para combatir la mosca ,muchas gracias.saludos

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