domingo 26 de abril de 2026
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China encendió su «sol artificial» durante más de 17 minutos y reescribió la historia de la fusión nuclear

El reactor experimental EAST mantuvo un plasma estable a 100 millones de grados por 1.066 segundos, más del doble de su propio récord anterior. El hito reaviva las expectativas de una energía limpia e inagotable, aunque los científicos advierten que el camino hacia su uso comercial sigue siendo largo.

El 20 de enero de 2025, en la ciudad de Hefei, en la provincia oriental china de Anhui, ocurrió algo que los físicos llevan más de siete décadas intentando lograr: un reactor de fusión nuclear mantuvo un plasma de alto confinamiento en estado estable durante 1.066 segundos, a más de 100 millones de grados centígrados. Lo consiguió el EAST —siglas en inglés de Tokamak Superconductor Avanzado Experimental—, el dispositivo que China llama, con cierta ambición poética, su «sol artificial».

Este logro supera ampliamente el récord anterior de 403 segundos que el propio EAST había establecido en 2023, y significa que el reactor estuvo funcionando de manera continua durante algo más de 17 minutos. En el mundo de la fusión nuclear, donde cada segundo de plasma estable representa un desafío técnico monumental, ese salto es considerado extraordinario.

El EAST opera bajo el principio del confinamiento magnético: es un tokamak, es decir, una cámara toroidal con forma de dona donde el plasma queda atrapado mediante gigantescos electroimanes. En su interior, los átomos de hidrógeno se fusionan a temperaturas que superan las del centro del Sol, liberando energía en el proceso. El desafío no está solo en alcanzar esas temperaturas, sino en sostenerlas el tiempo suficiente como para que la reacción sea útil. Para que un reactor de fusión sea funcional, debe mantener esas condiciones durante períodos prolongados, permitiendo la circulación autosostenida del plasma, un problema que ha ocupado a la ciencia durante más de siete décadas.

El responsable científico Song Yuntao señaló que durante esta operación la temperatura y la densidad de las partículas se incrementaron considerablemente, lo que sentará una base sólida para mejorar la eficiencia de generación energética de las futuras plantas de fusión y reducir los costos.

El EAST no es un experimento aislado sino una pieza dentro de una arquitectura científica global. China se incorporó al programa del Reactor Termonuclear Experimental Internacional (ITER) en 2006 y es responsable de aproximadamente el 9 por ciento de su construcción y operación. El ITER, que se levanta en el sur de Francia, será el tokamak experimental más grande del mundo una vez terminado, y los datos que produce el EAST alimentan directamente ese proyecto. Mientras tanto, China avanza en paralelo con un objetivo propio: conectar su primera central de fusión nuclear a la red eléctrica en 2035. Para eso está desarrollando el CFETR, un segundo reactor diseñado para generar hasta un gigavatio de energía.

El atractivo de la fusión nuclear frente a otras fuentes de energía radica en una combinación de factores difícil de igualar. Al generar energía a partir de la unión de núcleos de hidrógeno para formar helio, el proceso no emite gases de efecto invernadero ni produce residuos radiactivos de larga duración, diferenciándose de los reactores de fisión actuales. A eso se suma que el combustible —deuterio e hidrógeno— se obtiene del agua de mar, lo que lo convierte en un recurso prácticamente inagotable.

Sin embargo, conviene enmarcar el avance con precisión. El EAST no produce energía comercial ni contiene una estrella en miniatura: lo que ha logrado es mantener plasma estable durante más de mil segundos a 100 millones de grados. Aunque el hito es notable, el camino por recorrer sigue siendo largo, y probablemente pasarán varias décadas antes de que se desarrolle un tokamak completamente operativo y rentable. La ciencia celebra el récord como lo que es: un paso crucial, no una línea de llegada.